Fotografía de David Doblas

Seguro que a muchos de vosotros no hacía falta convenceros de los enormes beneficios que tiene el uso habitual de la bicicleta en nuestra vida cotidiana, pero en los últimos tiempos, dos circunstancias, el agravamiento del calentamiento global por causas antrópicas y la pandemia mundial por coronavirus, han puesto a este vehículo en el punto de mira de los gobernantes como respuesta eficaz y viable a los riesgos derivados de estas catástrofes. Hay que hacer de la necesidad nuestra mejor arma y apostar ahora, si o si, por el uso extensivo de la bicicleta, no ya como vehículo de recreo, si no como vehículo utilitario para pequeñas y medianas distancias en nuestra vida cotidiana.

6 Beneficios del uso habitual de la bicicleta

  • Traslado en bicicleta
    Fotogafía de David Doblas
    Es un medio de transporte muy económico. Una vez hecha la inversión inicial, que no tiene por qué ser muy grande, la bici requiere de un mantenimiento mínimo que, en la mayoría de los casos, puede llevar a cabo el propio usuario. Una vez que aprendes las cuatro cosas que necesitas vigilar en tu bici, puedes tenerla siempre disponible sin desembolsar dinero alguno.
  • Ocupa poco espacio público. Tanto circulando como aparcada, la bici, al ser un vehículo compacto, ocupa muy poco espacio en vías y aceras, lo que permite liberar ese espacio para el uso peatonal, resultando mucho más adecuado para un uso individual que un coche de 1300 kg. ¿Os imagináis qué aspecto tendrían nuestras ciudades si fuéramos capaces de sustituir al menos la mitad de los coches por bicicletas?
  • Evita atascos. Incluso para aquellos que no tienen más remedio que usar el coche, el uso masivo de la bici en distancia cortas y medias puede verse también como una gran ventaja. Eliminando de la circulación los coches que no son necesarios y sustituyéndolos por bicis, se reducirían mucho los atascos y los incómodos tiempos de espera que sufren muchos ciudadanos cada día de su vida.
  • No contamina: El uso de la bici es absolutamente limpio desde el punto de vista de la contaminación. Por cada 10 km que recorremos con la bici como alternativa al coche, evitamos que la atmósfera reciba entre 1 y 2 kg de CO2 (dependiendo de la eficiencia energética del coche). Este dato es especialmente significativo en ciudades medianas y grandes, donde la acumulación de vehículos provoca un empeoramiento muy rápido de la calidad del aire, en especial en periodos secos.
  • Favorece la salud física y mental: Hacer de la bicicleta nuestro medio de transporte habitual tendrá un efecto muy beneficioso para nuestra salud. Introduce una rutina de deporte moderado en nuestra vida (tal como recomienda la OMS), tonifica la musculatura, mejora la circulación y favorece la liberación de endorfinas que son las que nos ponen felices.
  • Facilita el distanciamiento social para prevenir el contagio por el COVID-19: Ahora que los transportes públicos masivos no van a poder seguir usándose del mismo modo que lo hacíamos, la bici aparece como una alternativa fantástica al autobús o al tren. El uso de la bici, sobre todo, si existe una red de carriles adecuada, permite mantener con facilidad la llamada “distancia social” que previene el contagio y además, incluso se puede usar perfectamente con mascarilla.

¿Te animas a incorporar la bici a tu día a día? Pruébalo, no te arrepentirás.

 

Colaborador: Javier Govantes.

Al ritmo de consumo de un ciudadano español medio, se necesitan 2,3 planetas para satisfacer la demanda de recursos. Este dato está muy por encima del promedio mundial, que es de aproximadamente 1,7 planetas. En otras palabras, en el quinto mes del año, hemos agotado todos los recursos naturales que nuestros ecosistemas son capaces de regenerar en un año. Estos datos se recojen en el informe de WWF y Global Footprint Network 2019, “Vivir por encima de los límites de la naturaleza en Europa”.

Desde cualquier enfoque que hagamos local o global, comprobamos que el ritmo de consumo de recursos de la naturaleza es muy superior al ritmo que nuestro planeta se puede regenerar y además, es muy desigual. A esto se suma el ritmo de generación de residuos, especialmente de plásticos, que está también muy por encima de lo que la naturaleza y en especialmente, los océanos, pueden asimilar.

Aprovechar el aislamiento para aprender a reducir el consumo y evitar el despilfarro de recursos sería un aprendizaje muy positivo en estos momentos de crisis, no sólo desde el punto de vista de la economía familiar, sino también desde un enfoque global, planetario.

Incorporar hábitos de ahorro en los momentos que vivimos, en los que muchos de nosotros hemos visto cómo nuestros ingresos han disminuido drásticamente al paralizarse la actividad laboral, puede ser el inicio del camino para llegar a ser ciudadanos ambiental y socialmente responsables con el futuro de la humanidad.

A pesar de todo lo negativo que tiene el confinamiento por el COVID_19, podemos ver en esta experiencia una oportunidad para aprender a vivir con menos, para valorar lo importante, para usar nuestra creatividad usando y reutilizando todo lo que tenemos por casa (juegos, libros, cacharros, etc.), para recopilar todo lo que ya no necesitamos y podemos guardar para otras personas,  para replantearnos nuestro estilo de vida disminuyendo el consumo material a lo realmente necesario.

De forma especial es importante evitar el desperdicio de alimentos, es una necesidad imperiosa de nuestra sociedad, no sólo por la irresponsabilidad que significa que las personas que padecen hambre en todo el mundo podrían «salir de la desnutrición con menos de una cuarta parte de los alimentos que se desperdician en los Estados Unidos, el Reino Unido y Europa» según datos de la red europea de Prevención de Residuos (www.ewwr.eu), sino también porque representa una pérdida muy importante de recursos que necesitamos conservar como el agua, la energía, el suelo y la mano de obra. 

Pensando en todo lo anterior, hay muchos gestos que podemos incorporar ya a nuestra vida cotidiana para mejorar la situación de cambio global en la que nos encontramos. Aquí propongo una recopilación de hábitos sencillos para empezar a reducir el consumo de recursos y energía en casa, con lo que conseguiremos ahorrar al final de cada mes,  contribuyendo al mismo tiempo a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, a disminuir la presión sobre los recursos naturales y a mejorar las condiciones de vida de las personas que han nacido en otras partes del mundo,  teniendo un efecto positivo secundario en la biodiversidad que nos sostiene.

Reducir en casa