Al ritmo de consumo de un ciudadano español medio, se necesitan 2,3 planetas para satisfacer la demanda de recursos. Este dato está muy por encima del promedio mundial, que es de aproximadamente 1,7 planetas. En otras palabras, en el quinto mes del año, hemos agotado todos los recursos naturales que nuestros ecosistemas son capaces de regenerar en un año. Estos datos se recojen en el informe de WWF y Global Footprint Network 2019, “Vivir por encima de los límites de la naturaleza en Europa”.

Desde cualquier enfoque que hagamos local o global, comprobamos que el ritmo de consumo de recursos de la naturaleza es muy superior al ritmo que nuestro planeta se puede regenerar y además, es muy desigual. A esto se suma el ritmo de generación de residuos, especialmente de plásticos, que está también muy por encima de lo que la naturaleza y en especialmente, los océanos, pueden asimilar.

Aprovechar el aislamiento para aprender a reducir el consumo y evitar el despilfarro de recursos sería un aprendizaje muy positivo en estos momentos de crisis, no sólo desde el punto de vista de la economía familiar, sino también desde un enfoque global, planetario.

Incorporar hábitos de ahorro en los momentos que vivimos, en los que muchos de nosotros hemos visto cómo nuestros ingresos han disminuido drásticamente al paralizarse la actividad laboral, puede ser el inicio del camino para llegar a ser ciudadanos ambiental y socialmente responsables con el futuro de la humanidad.

A pesar de todo lo negativo que tiene el confinamiento por el COVID_19, podemos ver en esta experiencia una oportunidad para aprender a vivir con menos, para valorar lo importante, para usar nuestra creatividad usando y reutilizando todo lo que tenemos por casa (juegos, libros, cacharros, etc.), para recopilar todo lo que ya no necesitamos y podemos guardar para otras personas,  para replantearnos nuestro estilo de vida disminuyendo el consumo material a lo realmente necesario.

De forma especial es importante evitar el desperdicio de alimentos, es una necesidad imperiosa de nuestra sociedad, no sólo por la irresponsabilidad que significa que las personas que padecen hambre en todo el mundo podrían «salir de la desnutrición con menos de una cuarta parte de los alimentos que se desperdician en los Estados Unidos, el Reino Unido y Europa» según datos de la red europea de Prevención de Residuos (www.ewwr.eu), sino también porque representa una pérdida muy importante de recursos que necesitamos conservar como el agua, la energía, el suelo y la mano de obra. 

Pensando en todo lo anterior, hay muchos gestos que podemos incorporar ya a nuestra vida cotidiana para mejorar la situación de cambio global en la que nos encontramos. Aquí propongo una recopilación de hábitos sencillos para empezar a reducir el consumo de recursos y energía en casa, con lo que conseguiremos ahorrar al final de cada mes,  contribuyendo al mismo tiempo a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, a disminuir la presión sobre los recursos naturales y a mejorar las condiciones de vida de las personas que han nacido en otras partes del mundo,  teniendo un efecto positivo secundario en la biodiversidad que nos sostiene.

Reducir en casa